QUIEN VA, QUIEN VIENE

Traducción de Teresa – teresa_0001@hotmail.com

Por lo regular no me pongo demasiado feliz cuando nace un bebé, ni muy triste cuando alguien querido se va. Permanezco pensativo, introvertido, pensando en la continuidad y en lo efímero de las cosas. “Cosas” que nos incluyen a nosotros mismos.

Cuando contemplo a un crío, difícilmente veo un crío, sino un adulto enclaustrado, luchando contra sus limitaciones (sinapsis cerebrales no formadas, dificultades motoras y resultantes del propio “equipamiento” en miniatura). Y lo mismo cuando contemplo a un anciano, con todos los problemas inherentes a su condición. Y, al final, ambos se parecen. Y uno regresa al lugar de donde el otro vino.
¿Dónde es ese lugar? ¿Habrá de veras un lugar? ¿Sería entonces volver a la nada?

Dr Wright meditando

Pero ¿qué sería la “nada”? El propio acto de llamar “nada” a esa condición ya crea algo: la nada. Ni siquiera sabemos si la nada existe tal como la imaginamos, o sea, la ausencia de todo, el vacío, la disolución. Queremos saber más sobre la “nada”, dar un sentido a nuestras existencias, y entonces surgen las explicaciones de las religiones. Hasta el budismo y el islamismo, que en esencia no se preocupan con eso (o no le dan valor), tienen la suya. Pero ¿quién garantiza que alguna de ellas esté en lo cierto? ¿Quién garantiza que no lo estén? Por eso me asombra el escepticismo agresivo (también conocido como ateísmo fuerte) , que básicamente considera que nosotros, tal como el universo, hemos nacido de la nada y vamos para ningún lugar. Eso para mí es creer en algo fuertemente. Los hace “creyentes” en un tipo de ilusión que no es diferente de las elaboradas creaciones de las religiones de las cuales ellos se ríen. Eso es ignorar los recovecos y construcciones de la mente humana, que en prácticamente todas las civilizaciones desarrolló conceptos abstractos para responder a esos enigmas, y muchos de ellos se parecen en esencia (los Arquetipos). Es ignorar la intuición, la belleza de la conexión no local entre seres vivos, que ocurre con miles de personas y animales, sin que para ello sea preciso tener una explicación científica (¡ocurre incluso con los fotones!).

Esa conexión no local es lo que nos permite estar siempre en un tipo de “contacto” con aquellos que se han ido. No es un contacto físico, ni algo que sea posible medir, sentir o describir. En la película “Avatar” los seres del planeta Pandora se conectan por medio de “antenas”, como un cable USB. Y la sucesión de conexiones va formando una malla neuronal, una “internet biológica” que permite la comunicación a nivel de pensamientos, sentimientos, incluso entre hombres y animales. Nosotros no tenemos antenas físicas, pero podemos tener un Wi-fi de pata coja. Las capacidades de nuestro cerebro aún constituyen un misterio para nosotros. Cuando telefoneamos a alguien que no vemos desde hace mucho, sentimos un vínculo, una intimidad, ayudados por los estímulos físicos (sonido) y por los recuerdos, por la añoranza. Activamos las áreas de la memoria relacionadas con aquella persona, en fin, estamos trabajando dentro de un terreno “real” (sonido), y al mismo tiempo virtual (mente). Al colgar el teléfono todavía sentimos un bienestar que se perpetúa, la conciencia de que aquella persona existe y está en un lugar específico, vive su vida, tú vives la tuya, y la Vida sigue. Pueden producirse pequeñas sincronías, como que tú hables de una persona y ésta te llama ese mismo día, o compartir sentimientos en el mismo momento, en lugares diferentes (de lo que solo te enteras más tarde). Pero cuando la posibilidad de contacto se rompe definitivamente (por la muerte o por otras circunstancias) tendemos a bloquear, por la “lógica”, las áreas de la mente que podrían sostener esa comunicación. No estoy hablando de la mediumnidad ostensiva, ni de experiencias “del más allá”, sino de algo bastante más sutil, que puede ocurrir con independencia de las religiones. Es una sensación de que tú SABES que aquella persona está solamente lejos, pero EXISTE en algún lugar, y está bien. Algunas veces ocurre esto con familiares del que se ha ido, pero no inmediatamente. La persona despierta un día con esa sensación de que acaba de “telefonear” a la otra. El Espiritismo explica que tú has ido a visitar o has sido visitado por el familiar durante el sueño, vía “desdoblamiento” (proyección astral). Esto lo hay en pueblos indígenas y hasta en el Islamismo. Según el Islam, las formas de comunicación con los planos superiores se verifica a través de inspiración, sueños y mediante visiones.

Quien va, quien viene, quien queda, son todas facetas de nosotros mismos, en este grande y complejo organismo que es la Vida.

Más importante que comunicarse, a algún nivel, con los que se fueron, es mantener los canales de comunicación “Wi-fi” abiertos con quienes aún están aquí. Recordando que no me refiero a la comunicación social, vernácula, sino a sentimientos más íntimos que emanamos hacia el otro. ¿Cómo anda esta comunicación? ¿Abierta y tranquila? ¿Sin interferencias? ¿Confusa? ¿Truncada? ¿Bloqueada? Para establecer una comunicación perfecta con los seres es preciso desarrollar un nivel en que estás en paz contigo mismo, con los demás y con el mundo. Este es el aspecto más valorado en el Zen Budismo, y el más olvidado en el cristianismo (no por falta de avisos de Jesús). No es una paz lograda a base de Lexatin, ni un barniz de tranquilidad, sino un sentimiento genuino que brota espontáneamente, y que cuando lo tienes lo sabes, en cada célula de tu cuerpo.

Claro que, si hay algo que arrasa con la conexión, es la culpa. Culpa de no haber vivido lo mejor posible al lado de otra persona, culpa por cosas dichas o no dichas. Eso origina un malestar que, en gran escala, acaba por provocar una ruptura en la comunicación con nuestras propias células, y de ahí surgen las enfermedades, como el cáncer. Por eso es preciso vivir como si este fuese nuestro último día, o el último día de la persona con quien nos relacionamos. Es estar Zen, o sea: Presente, alerta, y en paz, para que, cuando el “Gran Organismo” requiera a aquella pequeña célula en otra parte, en otra función, te encuentres en paz contigo mismo y con el otro, sin nada pendiente. Por eso Jesús nos enseña, con una sabiduría que sobrevive a los tiempos:

Por tanto, si estás presentando tu ofrenda en el altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí delante del altar tu ofrenda, y ve primero a reconciliarte con tu hermano, y después vuelve para presentar tu ofrenda.

Mat 5:23-24

Examinando el contexto de aquella época, Jesús da otro palo al cinismo de los religiosos que solo son religiosos en la FORMA. Jesús refuerza el aspecto interno como lo principal en el cristianismo. Si se analiza detenidamente la frase, él deja a “Dios” (en su aspecto externo, de adoración a alguna entidad) en segundo plano, y coloca el aspecto “Dios en nosotros” como lo más importante de su doctrina.

Fuente: STUM World

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