ACOMODACIÓN

Traducción de Teresa – teresa_0001@hotmail.com

¿Por qué las personas se acostumbran a lo que no les hace bien? Me parece fantástica, pero muy mal utilizada la capacidad del ser humano de adaptarse a las adversidades. Si preguntas a un natural de Islandia si es feliz, muy probablemente te contestará que sí, y que ama a su tierra donde solo hay hielo y vientos que abrasan el rostro. Eso no es exactamente adaptación. Él simplemente nació allí y le faltan parámetros. Sin embargo, ese mismo habitante puede tener acceso a otros países, como las Bahamas, y aún así preferir su lugar helado. Llega a parecer irracional a quienes lo ven desde fuera, pero se trata de costumbre, apego, afición. Solo en la mente de esa persona encontraremos los verdaderos motivos que lo mantienen atado a aquello, porque en fría lógica no hay la menor sustentación. Allí fue donde dio sus primeros pasos, el primer beso, donde están los recuerdos de sus antepasados, su cultura, etc. Es un apego sentimental.

Esto ocurre mucho en las relaciones. A menudo continuamos desgastándonos con nuestra pareja y todos nos dicen “déjalo, es una locura” y de hecho toda lógica apunta a la ruptura de algo que solo hace daño a los implicados e incluso a los que están a su alrededor. Pero aún así el vínculo permanece, todo construido a partir de sentimientos. A fin de cuentas ¿somos verdaderamente seres racionales?

Todo el tiempo estamos emitiendo juicios (esto es bueno, aquello es feo, lo otro es mejor, más alto, más bajo, etc.), solo que no los basamos en cosas absolutas, que sirvan para todo ser humano. Nuestros juicios pasan forzosamente por nuestros valores, sentimientos, experiencias, en fin, por nuestra alma. Un niño puede caminar hacia la boca de un león, aparentemente amenazador para todo y cualquier ser humano (sin que haga falta un conocimiento previo de que aquel bicho le va a hacer daño). Pero ¿acaso se sabe qué asociación hizo aquella mente? ¿No es exactamente lo que ocurre con el alcohol y el tabaco?

Islandia fue un ejemplo extremo. Pero podemos hacer el mismo razonamiento aquí en Brasil. Vivimos en un país bendecido por Dios, de exuberante naturaleza, pero en medio de una población de caníbales. Hay canibalismo en el ambiente de trabajo, en las relaciones sociales, en la violencia desmedida en las calles, en el hambre que aflige a una parte gigantesca de la población, mientras que una minoría aumenta sus propios salarios, etc. Y vamos adaptándonos a esto con resignación, con el buen humor característico de los brasileños, comprando “la cartera al ladrón”, considerando natural la posibilidad de ser muertos al salir a comprar el pan, y que nuestros “bien nacidos” puedan y deban andar con escolta y tener policía a la puerta de casa, mientras que la mayoría de la población no la tiene. Todo porque nos hemos acostumbrado a eso, por medio de la aceptación del mal a mi vecino, por medio de las repetidas noticias de violencia en la prensa, y de una acomodación que acepta los absurdos, desde los menores hasta los mayores. Las nuevas generaciones simplemente nacen acostumbradas a este mundo loco, y el tiempo de nuestros bisabuelos, cuando se “ataban los perros con longaniza”, se convierte en solo una leyenda lejana, como un Shangri-La.

Pero no es ese aún el punto al que quiero llegar, que es algo que trasciende las noticias de los periódicos e incluso nuestro planeta. Es sabido que hay personas que acostumbran a vivir de limosnas. Normalmente se piensa que es el efecto de la falta de empleo, de especialización, y tal. Pero hemos tenido ejemplos dramáticos en el Nordeste, a cuenta de la bolsa-escuela, donde familias que OTRORA trabajaban se cruzaron de brazos por acostumbrarse a una insignificancia que el gobierno les da. Y aún procuran echar más hijos al mundo para “aumentar la renta”. Esto es un hecho, lejano para la mayoría (que puede decir el clásico “¿qué tengo yo que ver con eso?”). La advertencia que quiero hacer, dentro del espíritu del Saindo da Matrix, es ¿Y SI nos acostumbramos de tal forma al planeta Tierra que dejamos de lado nuestro verdadero hogar, nuestro “paraíso” y nuestros sueños y potenciales, justamente por acostumbrarnos a una “limosna” fácil y duradera? ¿Acostumbrados a un lugar donde el amor es cosa contradictoria, unas veces animal y regida por instintos, otras Divina y trascendental? ¿Y SI hoy usamos una armadura que limita nuestros movimientos, pero que por otra parte es “fácil de usar” y nivela a todos por abajo, y nos acostumbramos con eso hasta el punto de olvidar nuestro verdadero “cuerpo”? ¿Y SI hacemos como los norteamericanos pos-11 de septiembre, un pueblo altamente endeudado con los actos del pasado, que acaba por abdicar de su libertad en favor de un dictador que “cuide” de ellos? Y lo peor, ¿Y SI además diésemos culto a esa entidad protectora como a un DIOS?

Fonte: STUM World

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