HUMANO x DIVINO (español)

Humano x Divino

Traducción de Teresa – teresa_0001@hotmail.com

En las últimas semanas, el caso de la niña estuprada – cuyos médicos le practicaron un aborto legal – ganó las portadas, a cuenta de la excomunión sensacionalista hecha por el obispo de Recife y Olinda (que no era ningún Dom Hélder). Más que el aspecto laico del país x religiosidad de la mayoría católica, lo que se viene discutiendo (y escandalizando a la gente) es la falta de noción en la aplicación de las leyes canónicas, la distancia cada vez mayor de la Iglesia para con la sociedad. No que ella necesite acompañar modismos (tales como hacer espectáculos y tener representantes “enrollados”), pero tampoco tiene que estar distante de la sensibilidad humana (con la idea de que “mayores son los designios de Dios” como si fuese un hacha cayendo sobre un pescuezo).

Por ello, en vez de despellejar a la Iglesia Católica (como está haciendo la prensa) he decidido abordar la cuestión de forma algo más distanciada, tratando las RELIGIONES como un todo. Todas las religiones son, en cierta forma, reveladas por un ser superior, o por el propio Dios “en persona”. Así, la tradición se convierte en Divina, intocable. Solo una casta (la casta sacerdotal) puede alzarse con el derecho a interpretarla, en caso de duda o de lagunas. Son los “procuradores” de Dios, los abogados. Ellos absuelven, ellos condenan.

A continuación tenemos un fragmento del libro “Tres portales para la meditación”, donde el autor David A. Cooper recibe la noticia de la muerte de su madre:

Enseguida de recibir de mi hermano la mala noticia, telefoneé a un rabino a fin de preguntarle sobre las leyes y los procedimientos en lo que atañe a la muerte de los padres. Tras algunos momentos de embarazoso silencio al otro lado de la línea telefónica, el rabino me dijo: “Tú no tienes permiso para tomar parte en ese funeral”.

Me quedé aterrado. La cuestión para mí no era que mi madre hubiese contrariado la ley judaica – yo hubiera preferido que ella no se hubiese decidido por la cremación – pero era decisión suya y no debería afectar en modo alguno mi capacidad para honrar su memoria y prestarle un homenaje. Ni por un momento siquiera consideré la posibilidad de dejar de ir al funeral, pero, por curiosidad, telefoneé a otro rabino para una segunda opinión. Él telefoneó a otros rabinos y, durante muchas horas, la cuestión fue apasionadamente debatida por la jerarquía religiosa de Jerusalén. Finalmente, un alto rabino dio su permiso, tomando por base que mi madre no tenía conocimiento de las consecuencias de su petición y, en este caso, la ignorancia mitigaba la ley religiosa. Pese a todo, yo debería observar en los siguientes días algunas restricciones en cuanto al ritual.

Si yo no estuviese triste y traumatizado por las noticias que acababa de recibir sobre mi madre, probablemente hubiera encontrado divertidos esos debates talmúdicos. Pero no había gracia alguna en ello; verdaderamente, yo estaba arrasado y consternado por las limitaciones auto-impuestas de interpretaciones puramente legalistas. Esto era sintomático de buena parte de la razón por la cual yo tenía problemas con el mundo ortodoxo.

David A. Cooper

El distanciamiento del sentimiento humano para con el rigor de la “Ley Divina” no es privilegio del Catolicismo, Judaísmo o Islamismo. Verdaderamente, ni siquiera es privilegio de las religiones. Es, sí, un conflicto que puede verse en la filosofía, pues es algo del alma humana, esa disparidad entre su lado divino y su lado humano (mundano). Todos nosotros arrastramos ese conflicto, que se manifiesta de muchas formas. Cuando proyectamos nuestro lado divino en un papel que alguien ha escrito miles de años atrás, cuando hay una reciprocidad de ideas, tendemos a enfocarnos solamente en lo exterior, o sea, delegar la procuración de tu lado divino (interno) en algo externo que, de alguna forma, te ha “afectado”. Pero ¿quién garantiza que lo externo te ha “afectado” exactamente en tu divino, ya que no somos totalmente divinos ni totalmente humanos? La luz más clara ciega, entonces, es preciso algo de tiniebla para dar el contraste que nos permita reconocer los contornos… y los contornos son una ilusión… una idea captada y expresada por una mente humana.

Ahí es donde reside el peligro de las religiones, que intentan inculcarnos culpa y sumisión, para que borremos de nuestra existencia la relación con nuestro propio lado Divino y nos sometamos, sin cuestionar, al “lado divino de otros”, al fin y al cabo somos unos meros pecadores, unos gusanos, unos nada ante la inmensidad de la enseñanza que tengo para ti… literalmente.

Hay una historia sobre Buda, donde una mañana un hombre le preguntó: “¿Existe un Dios?”

Buda miró al hombre, miró dentro de sus ojos y dijo: “Sí, existe un Dios.”

Ese mismo día, por la tarde, otro hombre le preguntó: “¿Qué te parece de Dios? ¿Existe un Dios?”

Nuevamente él miró al hombre y a dentro de sus ojos y dijo: “No, no existe ningún Dios”.

Ananda, que estaba con él en las dos ocasiones, se sintió muy confuso, pero era siempre muy cuidadoso para no interferir en nada. Él tenía su tiempo cuando todos partían por la noche y Buda se preparaba para dormir; si tenía que preguntarle algo, podría preguntárselo en ese momento. Pero por la noche, mientras el sol se ponía, un tercer hombre vino con casi la misma cuestión, formulada diferentemente. Le dijo: “¿Puedes decirme algo sobre Dios?”

Ananda estaba ahora escuchando muy concentradamente lo que Buda iba a decir. Había dado dos respuestas absolutamente contradictorias en el mismo día y ahora había surgido una nueva oportunidad – y no existe una tercera respuesta. Pero Buda dio una tercera respuesta. No habló, cerró sus ojos. Era una linda noche. Los pájaros se habían acomodado en sus árboles – Buda estaba bajo un árbol de mango – el sol se puso, una brisa fresca empezaba a soplar. El hombre, viendo a Buda sentado con los ojos cerrados, pensó que quizá esa fuese la respuesta, así que él también se sentó con los ojos cerrados.

Pasada una hora, el hombre abrió los ojos, tocó los pies de Buda y dijo: “Gracias por la respuesta”. Y se fue.

Ananda no podía creerlo, porque Buda no dijo una simple palabra. Y cuando el hombre se fue, perfectamente satisfecho y contento, Ananda preguntó a Buda: “¡Esto es demasiado! Podrías pensar en mí – me vuelves loco. Estoy al borde de un colapso nervioso. A un hombre le dices que existe Dios, a otro le dices que no existe Dios y a un tercero no le contestas. ¡Y este extraño seguidor dice que ha recibido la respuesta y, agradecido, aún te ha tocado los pies! ¿Qué es lo que pasa?”

Buda dijo: “Ananda, lo primero que tienes que recordar es que estas preguntas no eran tuyas, y aquellas respuestas no han sido dadas para ti. ¿Por qué deberías preocuparte con ellas? Ellas no son de tu cuenta, sino algo entre aquellas tres personas y yo.”

Ananda dijo: “Esto es cierto, ésas no eran preguntas mías y las respuestas no me han sido dadas a mí. Pero ¿qué puedo hacer? Tengo oídos y he escuchado y visto y ahora todo mi ser está confuso – ¿qué es lo cierto?”

Buda dijo: “Tú piensas en la vida en términos absolutos, es ese tu problema. La vida es relativa. Para el primer hombre la respuesta fue sí y era relativa a él, estaba relacionada con las implicaciones de su cuestión, de su ser, de su vida. El hombre a quien yo dije sí era un ateo; él no cree en Dios y no quiero dar soporte a su ateísmo estúpido; él se pone a proclamar que Dios no existe. Incluso aunque un pequeño espacio se haya dejado inexplorado… quizá Dios exista en aquel espacio. Solo cuando has investigado toda la existencia puedes decir con absoluta certeza que Dios no existe. Esto es posible solamente al final, y aquel hombre estaba simplemente creyendo en que Dios no existe, pero no tenía experiencia existencial de que Dios no existe. He tenido que hacerlo astillas, he tenido que traerlo de vuelta a la tierra, he tenido que pegar duro en su cabeza. Mi sí fue relativo a aquella persona, a toda su personalidad. Su pregunta no eran solamente palabras. La misma palabra venida de otra persona podría haber recibido otra respuesta.

Y eso fue lo que sucedió cuando contesté “no” al otro hombre. Él era un idiota al igual que el primero, pero en el polo opuesto. Él quería mi apoyo – él ya creía en Dios. Había venido con la respuesta preparada, tan solo para solicitar mi apoyo de modo que pudiese ir y decir: ‘¡Yo estoy en lo cierto, el propio Buda piensa así!’ A este tenía que decirle que no, solamente para perturbar su creencia, porque creencia no es sabiduría.

Y el tercer hombre vino sin creencias. Él no me preguntó si Dios existe. No, él vino con el corazón abierto, sin la mente, sin creencias, sin ideologías. Él era realmente una persona sana e inteligente. Me pidió: ‘¿Puedes decirme algo sobre Dios?’

He podido percibir que aquel hombre no tenía creencias de esta o de aquella naturaleza; él es inocente. Con una persona tan inocente, el lenguaje no tiene sentido. No puedo decir sí ni no; solo el silencio es la respuesta. Entonces cerré los ojos y permanecí en silencio.

Y mi impresión sobre el hombre se ha demostrado correcta. Él cerró los ojos también. Ha comprendido mi respuesta: permanece en silencio, mira hacia dentro. Él, entonces, recibió la respuesta de que Dios no es una teoría, una creencia sobre la que tengas que estar en contra o a favor. Por eso fue que él agradeció por la respuesta.

Dios no es algo muy distante de ti; o eres una mente o eres un dios. En silencio y consciencia la mente desaparece y te revela su divinidad. Pese a que yo no le dije nada, él recibió la respuesta y la recibió de la manera correcta.”

Fonte: STUM World

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