LA CULPA

Traducción de Teresa – teresa_0001@hotmail.com

Creamos la culpa y nosotros mismos ingeniamos los procesos destinados a extinguir sus consecuencias.

El día 17 de diciembre de 1961, en Niteroi (RJ), ocurrió una tragedia en un circo atestado de críos y adultos. Un incendio de proporciones devastadoras hirió y mató a centenas de personas quemadas, asfixiadas por la humareda o pisoteadas por la multitud desesperada.

Ese dramático suceso, que conmovió al pueblo brasileño, ha motivado a la Espiritualidad Mayor a aportar un minucioso esclarecimiento, según narrativa del Espíritu Humberto de Campos, inserta en el libro “Cartas y Crónicas” (cap. 6). Cuenta el cronista espiritual que en el año de 177, en Lyon, al pie de una cuesta más tarde conocida como colina de Fourvière, se había improvisado un gran circo, con altas empalizadas en torno a una enorme arena. Era la época del emperador Marco Aurelio, que se omitía en cuanto a las persecuciones que eran infligidas a los cristianos. Por eso la matanza de éstos era constante y terrible. Ya no bastaba que los adeptos del Nazareno fuesen arrojados a las fieras para ser despedazados. Se inventaban nuevos suplicios. Más de veinte mil personas habían sido inmoladas.

Se anunciaba para el día siguiente la llegada de Lucio Galo, famoso cabo de guerra que disfrutaba de atenciones especiales por parte del emperador. Las conmemoraciones para recibirlo debían, por tanto, exceder a todo cuanto se había visto hasta entonces. Se providenció una junta para efectuar la programación de los festejos.

Gladiadores, danzarinas, juglares, luchadores y atletas diversos estarían presentes. Cuando una voz recordó: “¡Cristianos a las fieras!” Todos aplaudieron la idea, pero pronto surgieron comentarios de que esto ya no era novedad. En consideración al visitante era preciso algo diferente. Así, se planeó que la arena sería rociada con resinas y rodeada de farpas empapadas de aceite, reuniéndose allí a cerca de mil niños y mujeres cristianos. Además se traerían caballos viejos y se les prendería fuego. Todos se carcajeaban imaginando la escena. El plan se puso en marcha. Y al día siguiente, según narra Humberto de Campos, al vivo sol de la tarde, largas filas de mujeres y niños pequeños, entre gritos y lágrimas, encontraron la muerte, quemados o pisoteados por los caballos en tropel.

Afirma el cronista espiritual que, casi dieciocho siglos después, la Justicia de la Ley, a través de la reencarnación, reaproximó a los responsables en dolorosa expiación en la tragedia del circo, en Niteroi.

Esto se explica no por obra de un Dios vengativo, o de un Jesús cabreado con lo que hicieron con los cristianos en el pasado, sino tan sólo por la CULPA. El que ha hecho algo que hoy (y sólo hoy) considera moralmente censurable, sabe la culpa que arrastra. La mente encuentra atenuantes, la propia víctima perdona, pero hay algo que permanece incordiando…

Allan Kardec nos habla, en el libro “El Cielo y el Infierno” de Las penas futuras según el Espiritismo. Esclarece que “el Espíritu es siempre el árbitro de su propia suerte, pudiendo prolongar los sufrimientos por la permanencia en el mal, o suavizarlos y anularlos mediante la práctica del bien.”

Siendo así, las condiciones para borrar los resultados de nuestras faltas se resumen en tres: arrepentimiento, expiación y reparación.

“El arrepentimiento suaviza las trabas de la expiación, abriendo por la esperanza el camino de la rehabilitación; sólo la reparación, con todo, puede anular el efecto destruyendo su causa.”

1º – El sufrimiento es inherente a la imperfección.

2º – Toda imperfección, así como toda falta por ella provocada, trae consigo el propio castigo en las consecuencias naturales e inevitables: así, la dolencia pune los excesos, y de la ociosidad nace el tedio, sin que haya necesidad de una condenación especial para cada falta o individuo.

3º – Pudiendo todo hombre liberarse de las imperfecciones por efecto de la voluntad, puede igualmente anular los males consecutivos y asegurar la felicidad futura.

A cada uno según sus obras, en el Cielo como en la Tierra: – tal es la ley de la Justicia Divina.

Allan Kardec

Traduciéndolo para el lenguaje pop de hoy, la Matrix está establecida en el dolor y en el sufrimiento. No porque las máquinas quieran hacernos sufrir, sino porque el ser humano sólo sabe vivir así (o, cuando menos, está condicionado para solamente generar energía a través del atrito, como los filamentos de una bombilla eléctrica solamente producen luz a través del desgaste). Como las máquinas tienen por objetivo nuestra evolución (o la optimización de nuestra capacidad de producir energía para ellos) y como los seres humanos se desenvuelven menos en esas circunstancias, quien paga el pato son los virtuosos, las personas de bien, los que están dejando de lado sus vicios de tipo animal, la supervivencia desenfrenada, la política del “yo primero”, pero que todavía tienen que convivir con los “atrasados”, no por capricho, sino porque aún tienen que depurar aquella basurilla que tienen bajo la alfombra, en espera tan sólo de un momento para ser arrojada al ventilador. Solamente tras esa limpieza podrán pasar a otros niveles de la Matrix.

Una pregunta se ha encaminado al guía espiritual de Chico Xavier, Emmanuel, en la noche de 23/2/72, en Uberaba, Minas Gerais:

Siendo Dios la Bondad Infinita, ¿por qué permite la muerte aflictiva de tantas personas encerradas e indefensas, como en los casos de los grandes incendios?

La respuesta consta en el libro “Chico Xavier Pede Licença” (“Chico Xavier Pide Permiso“), de Francisco Cândido Xavier y J. Herculano Pires:

Cuando retornamos de la Tierra para el Mundo Espiritual, concienciados de las responsabilidades propias, operamos el levantamiento de nuestros débitos pasados y rogamos los medios precisos a fin de rescatarlos debidamente.

Así es como, muchas veces, renacemos en el Planeta en grupos comprometidos para la redención conjunta.

Invasores fogueados por la propia ambición, que aplastábamos colectividades en la voluptuosidad del saqueo, regresamos a la Tierra con encargos diferentes, pero en régimen de encuentros marcados para la desencarnación conjunta en accidentes públicos.

Explotadores de la comunidad cuando absorbíamos sus fuerzas para nuestro provecho personal, pedimos la vuelta al cuerpo denso para arrostrar unidos el ápice de epidemias arrasadoras.

Promotores de guerras manejadas para asalto y crueldad por la megalomanía del oro y del poder, encuanto nos sentimos fortalecidos para la regeneración, pleiteamos por el Plano Físico a fin de sufrir la muerte compartida, aparentemente inmerecida, en acontecimientos de sangre y lágrimas.

Corsarios que plantábamos fuego a embarcaciones y ciudades en la conquista de presas fáciles, al observarnos en el Más Allá con los problemas de la culpa, solicitamos el retorno a la Tierra para la desencarnación colectiva en dolorosos incendios, inexplicables sin la reencarnación.

Creamos la culpa y nosotros mismos ingeniamos los procesos destinados a extinguir sus consecuencias. Y la Sabiduría Divina se vale de nuestros esfuerzos y tareas de rescate y reajuste a fin de inducirnos a estudios y progresos siempre más amplios en lo que concierne a nuestra propia seguridad. Por este motivo, de todas las calamidades terrestres, sale el Hombre con más experiencia y más luz en el cerebro y en el corazón, para defenderse y valorar la vida.

Lamentemos sin desesperación, a cuantos se hacen víctimas de sucesos que nos acongojan el alma. El dolor de todos ellos es nuestro propio dolor. Los problemas con que se han enfrentado son igualmente nuestros.

No nos olvidemos, empero, que nunca estamos sin la presencia de la Misericordia Divina junto a los acontecimientos de la Divina Justicia, que el sufrimiento es invariablemente reducido a lo mínimo para cada uno de nosotros, que todo se renueva para el bien de todos y que Dios nos concede siempre lo mejor.

El Hermano Saulo añade:
La respuesta de Emmanuel acentúa el aspecto terreno de la auto-punición de los encarnados, en virtud de un factor psicológico: el de las leyes de la conciencia. Obedeciendo a esas leyes, las víctimas de muertes colectivas aparecen como las más severas enjuiciadoras de sí mismas. Son almas que se punen a sí mismas en virtud de haber llegado a crecer en amor y a llevar en sí la justicia inmanente. Si en el pasado se han equivocado, ahora surgen como heroínas del amor en el sacrificio reparador.

Las leyes de la Justicia Divina están escritas en la conciencia humana. Caín mató a Abel por envidia y su propia conciencia le acusó del crimen. Él no tuvo el coraje heroico de pedir la reparación equivalente, pero Dios lo señaló y punió. Le faltaba crecer en amor para punirse a sí mismo. El símbolo bíblico nos revela la mecánica de la auto-punición que se está cumpliendo de forma compulsoria. Pero en las almas que han evolucionado, la compulsión se sustituye por la compasión.

Para la buena comprensión de ese problema necesitamos una visión clara del proceso evolutivo del hombre. Como salvaje, aún se encuentra más sujeto a los instintos que a la conciencia. Por ello no es enteramente responsable de sus actos. Como civilizado se reviste del libre albedrío que lo convierte en responsable. Pero el amor aún no lo ilumina con la debida intensidad. Las civilizaciones antiguas (como lo demuestra la propia Biblia) son escenario de pavorosos crímenes colectivos, porque el hombre amaba más a sí mismo que a sus semejantes y a Dios. En las civilizaciones modernas, tocadas por la luz del Cristianismo, los procesos de auto-punición se intensifican.

El suicidio de Judas es el ejemplo de la auto-punición determinada por una consciencia evolucionada. Lo que ha pasado con Judas en vida, ocurre con las almas desencarnadas que se enfrentan a errores del pasado en la vida espiritual. Para encontrar alivio para su conciencia sienten la necesidad (determinada por la compasión) de pasar por el sacrificio que infligieron a otros. (…)

Encarando la vida sin la comprensión de las leyes de la conciencia y del proceso de reencarnación no podremos explicar la Justicia de Dios – principalmente en los casos brutales de muertes colectivas. Los que así perecen están sufriendo la auto-punición de que sus propias conciencias han sentido necesidad en la vida espiritual. La diferencia entre esos casos y el de Judas es que esas víctimas no son suicidas, sino criaturas sometidas a la ley de acción y reacción. Judas apresuró el efecto de la ley en vez de enfrentar el remordimiento en la vida terrena. Se convirtió en un suicida y aumentó así su propia culpa, rebelándose contra la Justicia Divina e intentando escapar a ella.

Siendo así, el “pecado original” de la Biblia es una interpretación que las antiguas almas hicieron de esa nuestra condición de “endeudados” (frente a nosotros mismos) y expulsados del “paraíso” (las otras Matrixes). Pero no somos todos espíritus desterrados de un lugar mejor (los tales Exilados de Capela – Exiliados de Capilla). La mayoría de éstos ya han desencarnado y decidieron crecer, atormentados por la inmensa nostalgia de “casa” (como los antiguos egipcios). Restan los espíritus nativos del planeta Tierra, que se van desarrollando a partir del mineral, pasando por el vegetal y después por el animal. No es preciso ser muy observador para percibir que el ser humano se comporta más como un animal irracional, en comparación con lo que se pudiera esperar del racionalismo del ser humano (incluso cuando proviene de una decisión pensada y estudiada, es apenas lo racional funcionando a servicio de lo irracional… algo que los psicoanalistas pueden atestiguar).

Lo que pasa es que ese mecanismo de auto-punición es una gran BOBADA. Bobada nuestra, no del mecanismo. Las personas realmente alcanzan su “redención” a través del dolor, del sufrimiento, pero ese no es el objetivo de la vida, eso no está en la cartilla que Jesús nos dejó. Deténganse un poco para analizar las palabras de Jesús: El tío sufrió de caray, pero ¿nos ha exhortado a sufrir también? ¿A sentir culpa por él, como les encanta gritar a algunos creyentes “ÉL HA SUFRIDO POR TI”? ¡NO! ¡Él nos pidió que NOS AMÁSEMOS LOS UNOS A LOS OTROS! ¡Sólo eso! Básicamente los Evangelios son una retórica en torno al “Amad a TODOS” (incluyendo ahí a tus enemigos). Pero la cosa es tan difícil de aceptar que nos hacen falta más y más retóricas, ejemplos, interpretaciones de la Biblia y best-sellers con bonitos textos para poder asimilarlo poco a poco. No es fácil, ciertamente…

“¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?
Respondió Jesús:
El primero es: Escucha Israel, el Señor nuestro Dios es el único Señor. Amarás, pues, al Señor tu Dios de todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu entendimiento y con todas tus fuerzas. Y el segundo es este: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que esos.
A lo que le dijo el escriba: Muy bien, Maestro; con verdad has dicho que él es uno, y fuera de él no hay otro; y que amarlo de todo corazón, con todo el entendimiento y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a sí mismo, es más que todos los holocaustos y sacrificios.
Y Jesús, viendo que había respondido sabiamente, le dijo: No estás lejos del reino de Dios. Y nadie más osaba interrogarlo.”

Marcos 12:28-34

Jesús nos exhortó para TRABAJAR EN ESO. Y trabajarnos, en ese proceso.

Y les decía: En verdad, la mies es mucha, y los trabajadores, pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que mande trabajadores a su mies.

Lucas 10:2

Então, em vez de ficar com autopunição, dando uma de coitadinho por coisas que você fez no passado e se envergonha hoje, que tal compensar com SERVIÇO, AMOR, DEDICAÇÃO ao semelhante, sem retorno aparente?

Ainda que mês após mês, até mil, uma pessoa fizesse oferendas durante cem anos, e uma outra pessoa honrasse sinceramente apenas a memória de um iluminado, mesmo que fosse só por um minuto, esta reverência de um minuto pode ser considerada melhor do que o sacrifício de cem anos (e fazer o bem é muito melhor ainda).

Buda; Dhammapada Cap. VIII-106

Entonces, en vez de quedarnos en la auto-punición, dándonoslas de pobrecitos, por cosas que hemos hecho en el pasado y nos avergüenzan hoy, ¿qué tal compensar con SERVICIO, AMOR, DEDICACIÓN al semejante, sin compensación aparente?

Amar al prójimo no es permanecer sentado al computador escribiendo blogs como este, o quedarse apenas meditando por la paz mundial, o para “Anclar energéticamente portales de la 9ª dimensión”; es trabajar y TRABAJARSE en pro del semejante, preferentemente el que está a tu lado, en tu casa, en el semáforo, en tu vecindario, en las áreas poco asistidas. Cuando digo “preferentemente a tu lado” esto es de hecho casi literal, pues los mayores impedimentos a nuestra evolución no se encuentran “allá afuera” en el mundo, sino muchas veces dentro de casa o en nuestra familia.

“Pero yo os digo que todo aquel que se enoje con su hermano, será reo de juicio; y quien diga a su hermano: Racá, será reo ante el sinedrio; y el que le diga: Necio, será reo del fuego del infierno. Por tanto, si estás presentando tu ofrenda en el altar, y te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí ante el altar tu ofrenda, y ve primero a reconciliarte con tu hermano, y después ven a presentar tu ofrenda. Reconcíliate pronto con tu adversario, mientras vas con él por el camino; para que no suceda que tu adversario te entregue al guardia, y seas arrojado a la prisión. En verdad te digo que de manera alguna saldrás de allí mientras no pagues el último céntimo”.

Mateo 5:22-26

Fonte: STUM World

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