FANTASMA IMPIDE ASALTO EN MALASIA

Traducción de Teresa – teresa_0001@hotmail.com

El ladrón afirmó que el fantasma lo mantuvo sin comida ni agua durante 3 días

Tras volver de las vacaciones, una pareja malaya encontró un ladrón de 26 años desmayado en el suelo de su casa con fatiga y deshidratación. La pareja rápidamente llamó a una ambulancia y, después, comunicó el caso a la policía.

El atracador dijo a la policía que, después de haber entrado en una casa, notó como si estuviese en una cueva. Refirió que cada vez que intentaba huir de la vivienda un espíritu sobrenatural lo arrojaba al suelo.

El ladrón afirmó además que el supuesto fantasma lo había mantenido sin comida ni agua durante tres días. El asaltante fue llevado al hospital Kemaman y ya ha recuperado totalmente la salud, según el policía Abdul Marlik Hakim Johar.

Funte: G1

Interesante, este caso me recordó un cuento que refiere mi madre, de cuando ella vivía en un barrio algo conflictivo; cierta vez llegó a casa y se encontró con todas las pertenencias arregladitas, listas para ser trasladadas. Y (afortunadamente) ni señal del ladrón, que (extrañamente) no se había llevado nada. Después hemos sabido que fue un espíritu amigo (con quien ella trabajaba mediúmnicamente) el que le dio un susto mayúsculo al ladrón y éste salió corriendo, antes de que mi madre llegase.

Lo cual, a su vez, me recuerda que la “profesión” de espíritus protectores de las casas es algo bastante antiguo. Los romanos daban culto a los “Lares” (de ahí el nombre de “lar” para designar nuestra casa), que son las deidades domésticas, tipo ángeles de la guarda. Había los Lares Familiares (protectores de la familia), los Lares Domestici (protectores de la casa), los Lares Compitales (protectores de los caminos) y los Lares Viales (protectores de los viajeros), entre otros de carácter público. Las celebraciones tenían lugar del 3 al 5 de enero (festival de los lares compitales) y el 1º de mayo (lares publici).

Cada casa poseía un altar doméstico, con una lámpara siempre encendida. Y también imágenes y pequeñas estatuas, que representaban a los dioses familiares. Antes de cada refacción, el patriarca hacía la libación: derramaba sobre el altar unas gotas de líquido (vino, leche, miel). Generalmente, la libación iba acompañada de la ofrenda de alimentos (pequeñas porciones) o de objetos.

En Grecia el culto de Dios a través del fuego – que era mantenido siempre encendido, dentro del hogar – era de la más alta importancia. Esquilo escribe que Agamenón, habiendo regresado victorioso de Troya, no agradece a Júpiter su victoria: “No es al templo a donde va a llevar su alegría y gratitud, sino que ofrece el sacrificio de la acción de gracias al fuego de su casa”. La libación griega consistía en asperger sobre el altar vino, óleo, incienso y grasa de las víctimas de los sacrificios (algunas veces humanos).

Los hindúes también suelen mantener en casa un altar de devoción a su dios, donde queman incienso, con flores, velas y ofrendas. Quien hace el papel de protector del hogar en la cultura hindú es Ganesha – el chaval de cabeza de elefante –, y por eso hay una imagen suya en la mayoría de las casas hindúes. Al igual que los griegos y los romanos, los brahmanes hindúes mantienen un fuego sagrado en casa (personificado por el dios Agni), siempre encendido, donde también hacen un ritual de libación, pero, en vez de asperger vino, emplean un licor fermentado, llamado soma.

En el catolicismo popular los santos ocupan lugar de destaque, especialmente en el Brasil y en Italia, donde son venerados con pasión. Tal católico procura mantener en casa un oratorio, que es un pequeño altar a semejanza de los romanos, griegos e hindúes, con la imagen del santo, vela, flores, objetos de devoción (como el rosario), etc. Los laicos, más que el clero, han liderado estos cultos, pues consideraban que es mejor pedir a Dios por intermedio de los santos que hacer la petición directamente.

En el Libro de los Espíritus, en el cap. IX (De la intervención de los Espíritus en el mundo corpóreo), vemos:

El hombre cuenta siempre con espíritus, más o menos evolucionados, que con él simpatizan, que le dedican afecto; asimismo tiene junto a sí otros, que le asisten en el mal.

Los espíritus que simpatizan con nosotros son atraídos más por la identidad de los pensamientos y sentimientos que por una misión, que si la tienen, es temporal. Estos espíritus simpáticos sintonizan con nosotros tanto para el bien como para el mal.

Los espíritus familiares son, antes, amigos de la casa, pues hay gradaciones entre protección y simpatía. Hay espíritus que se ligan a una familia, que viven juntos y unidos por la afección.

Los espíritus prefieren estar en la compañía de los que se les asemejan, siendo atraídos así a reuniones de individuos, sociedad, ciudades, etc.
Colectividades, naciones y pueblos tienen espíritus protectores especiales, pues por la razón de estar caminando hacia objetivos comunes, necesitan de dirección superior.

Existen espíritus que auxilian el progreso de áreas específicas, como las artes, y que asisten a quienes los evocan, siempre que sean dignos de esta asistencia.

Allan Kardec

Fuente: STUM World

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