EL UNIVERSO HOLOGRÁFICO

Traducción de Teresa – teresa_0001@hotmail.com

¿Existe una realidad objetiva?

Continuando nuestro paseo por el mundo holográfico, vamos a profundizar en la cuestión levantada por el funcionamiento del cerebro, en un artículo anterior. ¿Y si no solo el cerebro funcionase como un holograma (almacenando las informaciones omnipresentemente, sino también todo el Universo?

En 1982 un equipo de investigación liderado por el físico Alain Aspect descubrió que, en ciertas circunstancias, partículas subatómicas como los electrones son capaces de comunicarse instantáneamente unas con otras, a pesar de la distancia que pueda separarlas. No importa si esa distancia es de 10 metros o de 10 billones de kilómetros. De alguna forma una partícula siempre sabe qué está haciendo la otra. El problema con este descubrimiento es que esto viola la afirmación de Einstein de que ninguna comunicación puede viajar más rápido que la velocidad de la luz.

El físico cuántico David Bohm (que trabajó con Einstein), por ejemplo, considera que los descubrimientos de Aspect implican que la realidad objetiva no existe, que – pese a su aparente solidez – el universo está en el corazón de un holograma fantástico, gigantesco y extremadamente detallado. La naturaleza de “el todo en cada parte” de un holograma nos proporciona una manera enteramente nueva de entender la organización y el orden. Durante la mayor parte de su historia, la ciencia occidental ha venido trabajando dentro de un concepto de que la mejor manera para entender un fenómeno físico, ya sea un sapo o un átomo, es disecarlo y estudiar sus partes respectivas. Si vamos a utilizar ese abordaje con algo construido holográficamente no obtendremos las piezas de que está compuesta esa cosa, solamente obtendremos enteros de menor tamaño.

Bohm considera que la razón que habilita a las sub-partículas a permanecer en contacto unas con otras (a pesar de la distancia que las separa) no es porque ellas estén enviando algún tipo de señal misteriosa, sino porque esta separación es una ilusión. Él sugiere que a un nivel más profundo de realidad estas partículas no son entidades individuales, sino que son extensiones de la misma cosa fundamental. Para que seamos capaces de visualizar mejor lo que él quiere decir, Bohm ofrece la siguiente ilustración:

Imagina un acuario que contiene un pez. Imagina también que tú no eres capaz de ver este acuario directamente y tu conocimiento de este acuario se verifica por medio de dos cámaras de televisión, una dirigida a la parte de delante y la otra a la parte lateral. Cuando permaneces observando atentamente los dos monitores, acabas por presumir que el pez de cada una de las pantallas es una entidad individual. Esto porque como las cámaras están colocadas en ángulos diferentes, cada una de las imágenes será también ligeramente diferente. Pero si continúas mirando los dos peces, acabas por adquirir la conciencia de que hay una relación entre ellos. Cuando uno se vuelve, el otro hace una vuelta correspondiente, solo ligeramente diferente; cuando uno se pone de frente, hacia delante, el otro se coloca de frente, hacia un lado. Si tú no sabes de los ángulos de las cámaras y te dejas llevar solo por los sentidos, puedes llegar a la conclusión de que los peces se están intercomunicando, pese a que claramente ese no es el caso.

 

Según Bohm, la aparente “conexión más rápida que la luz” entre las partículas subatómicas nos está diciendo realmente que existe un nivel de realidad más profundo de la cual no estamos privados, una dimensión más compleja más allá de la nuestra propia que es análoga al acuario. Y añade él, vemos objetos como estas partículas subatómicas como si estuviesen separadas unas de otras porque estamos viendo únicamente una porción de la realidad de ellas. Si la aparente separación de las partículas subatómicas es una ilusión, esto significa que en un nivel más profundo de realidad todas las cosas del universo están infinitamente interconectadas.

En un universo holográfico, incluso el tiempo y el espacio ya no pueden ser vistos como fundamentales. Porque conceptos como localización se rompen ante un universo en que nada está verdaderamente separado de nada, tiempo y espacio tridimensional, como las imágenes de los peces en los monitores, también pueden ser vistos como proyecciones de orden más profundo. Este tipo de realidad a nivel más profundo es un tipo de súper holograma en el cual el pasado, el presente y el futuro existen simultáneamente. Sea lo que fuere lo que contenga el holograma, es aún una cuestión en abierto. Hasta se puede admitir, por amor a la argumentación, que el súper holograma es la matriz que dio nacimiento a todo en nuestro universo y, como mínimo, contiene cada partícula subatómica que existe o existirá: Un tipo de “depósito” de Todo lo que es.

Si la “concreción” del mundo nada más es que una realidad secundaria, y lo que “está allá” es un borrón de frecuencias holográfico, y si el cerebro es también un holograma y únicamente selecciona algunas de las frecuencias de este borrón y matemáticamente las transforma en percepciones sensoriales, ¿qué viene a ser la realidad objetiva?

Otro aspecto más del almacenamiento de informaciones del holograma es la posibilidad de que, al cambiar el ángulo en el cual dos láser alcanzan un trozo de película fotográfica, sea posible grabar muchos registros diferentes en la misma superficie. Ha sido demostrado que un centímetro cúbico puede almacenar más de 10 billones de bits de información. Ahora bien, si el universo posee esta característica holográfica, ¿qué serían los planos astrales y el “mundo de los muertos” sino otro “ángulo de registro”? Ocurre que no todo el mundo posee el “laser de lectura” para poder acceder a esta información, mientras que los médiums poseen, instintivamente, esta “clave”. Donde un médium ve un Aura, otro puede ver los Chakras, otro los Nadis, y probablemente uno no verá lo que ve el otro, porque sus “laser de lectura” están “calibrados” para cierto “ángulo”. Ciertas personas logran además “navegar” por esos diversos estratos, mentalmente o incluso físicamente.

No sería difícil suponer que, con base en esos hechos, la idea de que algo “está allá” o “no está allá” es mera convención/consenso, porque lo que llamamos realidad es formulado y ratificado a nivel de inconsciencia humana, a la cual todas las mentes están interconectadas (el equivalente al inconsciente colectivo de Jung). Siendo así, lo que somos hoy es un reflejo de lo que proyectamos (consciente e inconscientemente) sobre nosotros mismos: la aparente estructura física del cuerpo nada más es que la proyección holográfica de la conciencia. Si llevamos esto a nivel de curación, veremos la clave para algunos “milagros” de Jesús, en que él siempre decía: tu fe te ha curado.

En la ciencia todo es discutible, no existen dogmas ni verdades absolutas. Puede ser que otra teoría explique mejor esa comunicación instantánea entre las partículas subatómicas pero, como mínimo, tal como observó Basil Hiley (un físico del Birbeck College de Londres), los hallazgos de Aspect “indican que debemos estar preparados para considerar radicalmente nuevos puntos de vista de la realidad”.

Ya era tiempo.

Fonte: STUM World

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